Necesito una tregua…
arandanilla
Necesito una tregua…
arandanilla
Estamos en Navidad…uniéndome al deseo de todas esas personas que intentan seguir adelante como pueden, pido un milagro de salud, alegrÃa y trabajo para todos. Un rayo de esperanza para los tristes, y coraje y entereza para superar la pérdida de las personas que queremos…Hoy ando un poco vacÃa, un poquito como corazón roto, y en el recuerdo me alivio. Pero sigo el camino que he de recorrer, con mi equipaje lleno de conversaciones, abrazos y risas. Mirando un poco atrás en el tiempo, y reconociéndome a mà misma en fotos que no me atrevà a mirar…Hemos de ser felices, esta vida es muy corta. Hemos de luchar por ello pese a todo. Gracias a los que formáis parte de mi vida, y a los que no, gracias por formar parte de otras vidas, y asà crear una red que protege a los corazones más frágiles en sus caÃdas. Felices fiestas para todo el año. Desde Ruta, nuestros mejores deseos para todos…Se os quiere.
arandanilla
Qué hermosa eres, libertad. No hay nada
que te contraste. ¿Qué? Dadme tormento.
Más brilla y en más puro firmamento
libertad en tormento acrisolada.
¿Que no grite? ¿Mordaza hay preparada?
Venid: amordazad mi pensamiento.
Grito no es vibración de ondas al viento:
grito es conciencia de hombre sublevada.
Qué hermosa eres, libertad. Dios mismo
te vio lucir, ante el primer abismo
sobre su pecho, solitaria estrella.
Una chispita del volcán ardiente
tomó en su mano. Y te prendió en mi frente,
libre llama de Dios, libertad bella…
Cuántas veces el ser humano sueña con esta necesaria utopÃa que es la libertad, en un mundo en que nos encarcelamos a nosotros mismos…Que un dÃa las mordazas desaparezcan, y las manos puedan ser palomas…
arandanilla
ElegÃa a Ramón Sijé
(En Orihuela, su pueblo y el mÃo, se me
ha muerto como el rayo, Ramón Sijé,
con quien tanto querÃa.)
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas,
y órganos mi dolor sin instrumentos,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler, me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo voy
de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano está rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes,
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.
Quiero mirar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
Volverás a mi huerto y a mi higuera,
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas
y tu sangre se irá a cada lado,
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas,
mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.
Miguel Hernández.
Ojalá nunca tenga que dar tu corazón a las desalentadas amapolas, nunca quiera escarbar la tierra ni con dientes ni con manos ni con ojos..ojalá me dures tiempo y tiempo y tiempo y asà hablar de todas las cosas que hoy en dÃa seguimos descubriendo como niños inmaculados. Que la vida es hermosa, que el momento es siempre propicio para crecer, sonreir y recoger los frutos del esfuerzo y del sacrificio. Compañero, que no, que, como dijo Miguel, te requiero…
arandanilla
Aunque los pasos toquen mil años este sitio,
no borrarán la sangre de los que aquà cayeron.
Y no se extinguirá la hora en que caÃsteis,
aunque miles de voces crucen este silencio.
La lluvia empapará las piedras de la plaza,
pero no apagará vuestros nombres de fuego.
Mil noches caerán con sus alas oscuras,
sin destruir el dÃa que esperan estos muertos.
El dÃa que esperamos a lo largo del mundo
tantos hombres, el dÃa final del sufrimiento.
Un dÃa de justicia conquistada en la lucha,
y vosotros, hermanos caÃdos, en silencio,
estaréis con nosotros en ese vasto dÃa
de la lucha final, en ese dÃa inmenso.
Pablo Neruda
arandanilla
“Un alba bien vale una vida entera”.
Cuántas alegrÃas en una tarde…por la sonrisa de unos niños siempre merece la pena recorrer distancias y esperar el tiempo que haga falta…Manuel, grande como siempre, humilde y cercano. Gracias.
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