Todos necesitamos alguna vez un cómplice
alguien que nos ayude a usar el corazón
que nos espere ufano en los viejos desvanes
que desnude el pasado y desarme el dolor
prodigioso / sencillo / dueño de su silencio
alguien que esté en el barrio donde nacimos o
que por lo menos cargue nuestros remordimientos
hasta que la conciencia nos cuelgue su perdón
cómplice del trasmundo nos defiende del mundo
del sablazo del rayo y las llamas del sol
todos necesitamos alguna vez un cómplice
alguien que nos ayude a usar el corazón
Adioses y Bienvenidas (2006), Mario Benedetti
Otro 14 de Abril con sus alegrÃas. Otra celebración que compartimos. Cómplice para lo bueno y lo malo, estás en esa preciosa edad en que hay que irse desprendiendo de lo innecesario para ir viviendo lo imprescindible. Espero que pases un gran dÃa, que pases una gran vida, un gran infinito de bienvenidas y esperanzas varias. Que te llenen las horas los besos, los abrazos, las palabras afectuosas y la ilusión compartida. Como sabes, se te quiere, se te valora y se te acompaña. El mundo es tuyo porque tuyo es el corazón sin rencor, sin oscuridades ni torpezas. Has de ver dÃas muy azules, he de luchar por ello. Felices 40 más que bien cumplidos. Vamos fulgurando…
Merece la pena el sacrificio por los demás sin llegar al desgaste de uno mismo. Levantarse cada dÃa con la conciencia puesta en lo correcto, sin desvivirse, sin morirse del tedio, la desgana, el hartazgo. Los dÃas se hacen largos y pesados. Y es mejor ir avanzando, o alejándose, si cabe. Algunas personas, o determinadas situaciones, no son más que un lastre para nosotros, y no merece la pena cargar tanto peso. Tarde o temprano las rodillas flaquean y vamos directos al suelo. Ha sido un dÃa tonto, de los que deben pasar pronto y ser olvidados. No por ser de los peores, sino de los que repiten mismas historias y decepciones. Y es hora de descansar y olvidar que esperamos demasiado de demasiadas cosas y/o personas. Vamos a dormir, y que mañana amanezca como quiera.

La tinta verde crea jardines, selvas, prados,
follajes donde cantan las letras,
palabras que son árboles,
frases que son verdes constelaciones.
Deja que mis palabras, oh blanca, desciendan y te cubran
como una lluvia de hojas a un campo de nieve,
como la yedra a la estatua,
como la tinta a esta página.
Brazos, cintura, cuello, senos,
la frente pura como el mar,
la nuca de bosque en otoño,
los dientes que muerden una brizna de yerba.
Tu cuerpo se constela de signos verdes
como el cuerpo del árbol de renuevos.
No te importe tanta pequeña cicatriz luminosa:
mira al cielo y su verde tatuaje de estrellas.
Octavio Paz
Me gusta el verde, su mensaje alegre, vital, emergente. Me gusta su nombre desgastado y sereno, renacido cada primavera, o perdurando en el resto de estaciones. La luz , el paisaje , la ruta de las palabras que te siguen. Oxigenadas. Alegres. Tú has sellado mi corazón con el verde. Yo he abierto mis puertas a un mundo que tiene los ojos verdes.
Los ponientes y las generaciones.
Los dÃas y ninguno fue el primero.
La frescura del agua en la garganta
de Adán. El ordenado ParaÃso.
El ojo descifrando la tiniebla.
El amor de los lobos en el alba.
La palabra. El hexámetro. El espejo.
La Torre de Babel y la soberbia.
La luna que miraban los caldeos.
Las arenas innúmeras del Ganges.
Chuang-Tzu y la mariposa que lo sueña.
Las manzanas de oro de las islas.
Los pasos del errante laberinto.
El infinito lienzo de Penélope.
El tiempo circular de los estoicos.
La moneda en la boca del que ha muerto.
El peso de la espada en la balanza.
Cada gota de agua en la clepsidra.
Las águilas, los fastos, las legiones.
César en la mañana de Farsalia.
La sombra de las cruces en la tierra.
El ajedrez y el álgebra del persa.
Los rastros de las largas migraciones.
La conquista de reinos por la espada.
La brújula incesante. El mar abierto.
El eco del reloj en la memoria.
El rey ajusticiado por el hacha.
El polvo incalculable que fue ejércitos.
La voz del ruiseñor en Dinamarca.
La escrupulosa lÃnea del calÃgrafo.
El rostro del suicida en el espejo.
El naipe del tahúr. El oro ávido.
Las formas de la nube en el desierto.
Cada arabesco del calidoscopio.
Cada remordimiento y cada lágrima.
Se precisaron todas esas cosas para
que nuestras manos se encontraran.
Jorge Luis Borges
“La lluvia cae no porque me necesite, y yo miro la lluvia no porque la necesite. Pero estamos juntas como el agua de la lluvia está ligada a la lluvia. Y no estoy agradeciendo nada. No haber tomado, apenas después de nacer, involuntaria y forzadamente el camino que tomé-y habrÃa sido siempre lo que realmente estoy siendo: una campesina que está en un campo donde llueve. Ni siquiera agradeciendo a Dios o a la naturaleza. La lluvia tampoco agradece nada. No soy una cosa que agradece haberse transformado en otra. Soy una mujer, soy una persona, soy una atención, soy un cuerpo mirando por la ventana. Asà como la lluvia no está agradecida por no ser piedra. Ella es una lluvia. Tal vez sea eso que podrÃa llamarse estar vivo. No más que eso, pero eso: vivo. Y sólo vivo es una mansa alegrÃa.”
Fragmento de  Descubrimientos, por Clarice Lispector.