El instante es el cruce de dos tiempos
o el cruce de dos rumbos
o el cruce de dos vidas
un cruce en fin
y sin embargo
en un instante cabe un mundo
enorme o tan minúsculo
que acaba en un cerrar de ojos
en el instante se concentran
los sentimientos las alarmas
los vaticinios del futuro
y los sobrantes del olvido
un cruce en fin
un santiamén
Mario Benedeti, poeta.

Hoy una compañera de estudios se ha alegrado de estar opositando por que así ha ganado una amiga más…me encuentro feliz por que dentro de este oscuro cajón de trastos rotos que a veces es la vida, siempre existen esos tesoros, esos “instantes regalados”, breves, quizá fugaces, que nos hacen hallar calor y consuelo mutuo. Estoy triste por muchas cosas, es como una pequeña enfermedad crónica que no te mata pero te debilita a ratos…pesada, fastidiosa. Pero soportable. Estos instantes regalados, unas risas en facebook, un hermano que te llama, una amiga que dice alegrarse de tenerte, una canción que de repente te busca, te tira de las orejas, te reclama algo de lo que fuiste un día…No sé, si no fuera por estos pequeños momentos, ¿qué vida nos esperaría? Como ya cantase Manuel, quiero tener la alegría del que está en paz. Y en ello estamos…gracias a todos aquéllos que saben decir a tiempo lo que se debe decir a tiempo. No imaginan cuanto sanan sus palabras. Buenas noches, y grandes sueños…Mañana será un gran día, y si no, pues al menos eso que nos habremos ganao esta noche soñándolo. Abrazos fuertes…

No conocía a Laureano, que no Sr. Márquez, por que ya es como de la familia…esta gran familia humana que se va haciendo, más que de la sangre, con el corazón. Me parece triste la situación actual de Venezuela, con ese mini-dictador vagando por las calles y ese miedo que se respira (en todas partes está escrito). Miedo a la inseguridad, y a la falta de justicia. Horror por las posibles (o seguras) represalias, a perder lo que con los años has conseguido a base de trabajo y más trabajo. Temor a ser señalado como enemigo por ejercer tu derecho a la libertad de expresión. Yo no entiendo de política, por mucho que leyese o me explicasen, estaría llena de lagunas siempre. Pero hay que ser más que tonto para no darse cuenta de lo que hay, del peligro que se esconde en esos discursos dictatoriales que suenan a pobre, a mísero, a putrefacción. Este post, por el contrario, no es triste. Es un árbol esperanzado, una risa al aire, unas manos unidas en la distancia. Que no permanezcan los monstruos de la represión por más tiempo maleándonos, que alguna vez todo esto cambie, y Venezuela luzca como debe, libre y limpia. Como deben ser las patrias de los hombres, sin corrupciones y sin mentiras. Así con todo el mundo, lo deseamos. Os paso un artículo que no os dejará indiferentes…tenéis vídeos de este humorista en Youtube. Ánimo, Laureano.
Zuela, como la Utopía de Tomás Moro, es un país inexistente, es un país imaginario, es lo que queda de un gran país, o quizá sea mejor decir, de lo que pudo ser un gran país y no lo es pero todavía puede serlo. Zuela es como esos muchachos que se ven prometedores, con un futuro por delante: hijos de padres acomodados, con recursos para darle educación, para hace de él un buen hombre, pero el muchacho, inexplicablemente, sale malandro.
Este país imaginario, es la antítesis de la Utopía, que no existe por lo avanzado de su ideario. Zuela no existe porque es impensable tanta incapacidad en medio de la más extrema abundancia. En Zuela el dinero es el motor de todo, el dinero compra consciencias y más que una nación es un centro de negocios impredecible: En Zuela cuando se devalúa la moneda, por ejemplo, la gente en vez de protestar por la inflación que se les viene encima, se dedica a comprar aparatos electrodomésticos para tratar de sacar provecho a la debacle. Tómese en cuenta para subrayar esta contradicción que Zuela es un país sin electricidad. La prosperidad de Zuela no se mide por el progreso colectivo, por la belleza de sus espacios públicos, sino por el progreso individual. Los pobladores de Zuela se ufanan de la manera como se estafan los dineros colectivos y se le considera un imbécil a aquel que, teniendo la oportunidad de robar, no lo hace. Los habitantes de Zuela tiene un término para nombrar a este tipo de gente: “Es un pendejo”, dicen. Así pues el robo y la estafa son la principal fuente de riqueza de este país imaginario. Casi todo el mundo lo hace: “cada quien según sus necesidades, cada cual según sus capacidades”. En Zuela la ley existe y teóricamente es buena, pero los jueces de Zuela son zueleños y como tales ponen su bienestar individual por encima del colectivo, máxime cuando cada vez que un juez exhibe alguna muestra de dignidad es castigado severamente. Los lugareños parecen aceptar su destino con resignación aunque a veces protestan y reciben una fuerte represión para que aprendan que de nada les servirá protestar. En Zuela se vive a riesgo propio. Los delincuentes y los policías se unen para cometer delitos. La vida vale poco y las calles son inseguras.
Naturalmente que en Zuela hay gente -y mucha- que no comparte este modo de vida y los hay en todos los sectores y corrientes. Por ejemplo, aunque Zuela no tiene electricidad segura, tiene también a la gente más brillante para resolver el problema, pero en general no se les presta atención. Zuela tiene universidades de primera y está llena de gente inteligente que se convierte en “profetas del desastre” al anunciar las catástrofes que se avecinan pero raramente se les presta atención. Zuela tiene legisladores sabios, técnicos muy capaces y profesionales formados en las mejores universidades del mundo y, a pesar de su sino, una infraestructura envidiable producto de los momentos en que los zueleños se han puesto de acuerdo para progresar juntos. Pero con breves excepciones, los civiles no suelen ser los protagonistas de la historia de Zuela, sino la mentalidad militar, que en demasiadas ocasiones es de aprovechamiento más que de servicio a la “patria”. La gente común suele ser bondadosa y vive alimentada con la esperanza de que el futuro sea mejor. Pero en Zuela, como en el mito se Sísifo, cada vez que parece haber una oportunidad de remontar la cuesta, la piedra se les viene encima y hay que empezar la tarea de nuevo. Ese es, en medio de todo, un aspecto positivo: Los habitantes de Zuela están acostumbrados a comenzar nuevamente desde abajo cada vez que un proyecto de destrucción, disfrazado de esperanza, les roba el destino. Los zueleños suelen decir frente a cada crisis “ahora sí que hemos tocado fondo”, pero sus conductores siempre tienen la habilidad de sorprenderles con fondos nuevos e imprevistos. El término de esta historia y si Zuela será al final tierra de promisión o de ruina no está escrito, porque uno de los rasgos distintivos de Zuela es que es impredecible, cualquier cosa se puede esperar, incluso algo bueno.
Artículo escrito por el genial humorista Laureano Márguez.
Publicado en el Diario Tal Cual el viernes 15 de enero de 2010
La foto es del Salto del Ángel, y me pareció precioso. Nombre y lugar perfectos para este tema…
Evidentemente, hay muchas cosas peores, pero esto también nos entristece un poco el alma a aquéllos que hemos jugado desde niños en esta orilla…



Afortunadamente, algunas cosas permanecen donde deben siempre…



Hoy, al cabo del mar, quisiera saber
qué hiciste la noche en que no vi tu mano,
qué hicieron tus libros y tu último espejo,
qué hizo tu cuerpo soñado, cuando ya no estuve
abriéndote luces de cientos de estrellas
en cada palabra de amor descubierta hacia ti.
Qué cosa dijiste la última noche
al nuevo silencio posado en tu almohada.
Aprende a llevarme,
que aún voy doblado por ti.
Hoy, al cabo del mar, quisiera saber
qué píldora estuvo colmando tu sueño,
qué filo cortó tu deseo de nombrarme,
qué ala pensaste encontrar para alzar tanto peso
y hacerlo tan fácil, como si mi abrazo
se fuera a romper con volar.
Hay tanto recuerdo, hay tanto y con alas
—alas que nos siguen al cielo, a la muerte—.
Aprende a llevarme,
que aún voy doblado por ti.
Hoy, al cabo del mar, quisiera saber
si fue casualmente que hallaste al amigo
que toda una tarde te vio recordando
y así me lo dijo con voz de verdugo sublime,
haciendo de un día de sol día de tumbas,
maldita canción que olvidar.
Así quedó roto, por cuatro palabras,
el ancho escondite que usé para huirte.
Aprende a llevarme,
que aún voy doblado por ti.
Hoy, al cabo del mar, no hay nada que hacer
con esta distancia sin tiempo y espacio,
con esta distancia tenaz, siempre cerca,
con esta distancia de los pensamientos furiosos,
tuyos, carniceros, que nunca reposan,
que incendian las olas a golpes de viento y canción.
Ya no hay nada que hagamos que pueda alejamos
de la piel crecida entre nuestros cuerpos.
Aprende a llevarme,
que aún voy doblado por ti.
Silvio Rodríguez.
No quisiera que lloviera
te lo juro
que lloviera en esta ciudad
sin ti
y escuchar los ruidos del agua
al bajar
y pensar que allí donde estás viviendo
sin mí
llueve sobre la misma ciudad
Quizá tengas el cabello mojado
el teléfono a mano
que no usas
para llamarme
para decirme
esta noche te amo
me inundan los recuerdos de ti
discúlpame,
la literatura me mató
pero te le parecías tanto.
CRISTINA PERI ROSSI

Ni tú me debes ni te debo nada.
Un río fuimos. Un espejo franco.
Los dos bebimos de las aguas claras;
asomamos los dos al vidrio manso.
El mismo beso nos quemó en los labios,
con el mismo carbón prendido en llama.
Las mismas ilusiones se nos fueron
cuando cantar no quiso más el alma.
Fuimos río y espejo, fuimos besos,
y cantamos con hojas y con alas
canciones de alegría en los espejos.
Hoy tenemos a mano cuentas claras
que urdieron en silencio nuestros dedos.
Ni tú me debes ni te debo nada.
GUILLERMO GÓMEZ BRENES
