Ruta Fulgurante


Sep
22
2009

Rubia

Category: Generalarandanilla – 17:20
arandanilla

Intento estudiar…La negociación del significado, las funciones comunicativas, etc. Conceptos abstractos y preciosos a veces, otras algo extraños y aburridos. Solía costarme muy poco sentarme a estudiar, a veces hacía los deberes contigo. No podías ayudarme pero ahí estabas observando, y riñéndome en ocasiones diciendo que me despistaba con una mosca que pasara…Ahora entro en tu casa y hay un gran vacío, un inmenso vacío, Rubia. Y recuerdo esas tardes, intento ser la niña voluntariosa de la que presumías. Me levanto de esta silla cada media hora, no me concentro demasiado, me cuesta volver a memorizar, mi voluntad se hizo algo frágil. Pero lo intento, lo sabes. Cuesta encontrar un sendero de vuelta a todo aquello…los años, supongo. Miro tu foto y aún me parece verte pasear por nuestra calle con la bolsa del pan, o cocinando afanosamente (siempre me pareciste muy bajita en la cocina, he de decirlo). Recuerdo aquella tarde que estuvimos solas y tú cocinabas, yo te pedía cosas para cocinar y tú me dabas los restos, las pieles de las zanahorias, las cáscaras de los huevos, algo de sal, y a mí me parecía que estaba logrando una mezcla exquisita de cosas mientras tú reías por el potingue de porquerías que andaba removiendo con una cuchara, tú te reías de mí y yo mantengo ese recuerdo como oro en paño, Rubia. Sé que siempre te parecí rara, demasiado mía para mis cosas, como mi papá. Después del divorcio supongo que esto no era una virtud. Pero era tu nieta mayor, la que se apropió de tu nombre la primera, y eso no te lo quitaba nadie. Rara, orgullosa, algo arisca…y tuve que apechugar con cosas algo peores que de mí se han dicho, y me bastaba con saber que también me considerabas constante, firme, noble. Lo decías a veces a tu manera…y a mi manera yo lo entendía.

Yo no quise verte morir. No quise mirar esos brazos, abuela. No quise enfrentarme a tus ojos tristes ni a tu cuerpo frío. Tu corazón ya no latía en tu mejilla, curioso lugar que miré durante horas con tanto miedo. Pero te besé por última vez sabiendo que no te irías para siempre. Nos dejaste un legado inmenso. Tus amigas, viejitas y arrugadas como tú, te lloraban amargamente, se te quería por muchas cosas, y ayudaste a muchas más personas que hubiera podido imaginar. Fuiste una gran cajita de sorpresas para muchos de nosotros…Siempre he pensado que cuando me vaya, lo único que quiero que digan de mí, es que era buena. Que fui buena persona. Tú lo lograste, y te envidio. Yo no estoy triste, Rubia. Tú me prometiste que no tendrías miedo. Me consta que no lo tuviste, y eso me enorgullece. Dormimos mis hermanos y yo muchas veces en la azotea de tu casa, ahí aprendí que las estrellas no son sólo estrellas. Cuántas risas, ¿eh, viejita? La Navidad, triste para mí desde ya sabes cuándo, sólo merecía la pena por el día de Reyes, cuando invadías tu casa con regalos. Nadie se quedaba sin ellos, ni tus hijos, ni tus nietos, ni las parejas de tus nietos siquiera. Verte la cara era Dios. Rubia, eso es grande. No voy a olvidar que tu último regalo fue para mi sobrina Elena, la última renacuaja nacida apenas un mes antes de tu partida. Hasta eso encargaste desde el hospital. Tu último regalo…A eso se le llama grandeza. Ahora toca recomponerse, cuando llega el otoño y van a caerse las hojas y a acortarse las tardes. Reflexiono y recuerdo las cosas de las que hablamos los últimos días, y estoy feliz, feliz de que hicieses tantas cosas buenas, y que tus errores con el tiempo pasen al camino del olvido. Guardo la manta que tapó tus piernas, tan preciosas, en tus últimas noches y a veces me arropo con ella, esperando quizá una caricia tuya en el pelo, como cuando me caí de la ventana y me partí un diente, y tú medio reñías medio consolabas a esta cabezota sin remedio. “Mira que te lo he dicho”. La vida es esto, y es tiempo de aprender, de crecer, de recordarte como eras, pequeña, rubia y arrugadita, inmensa, fuerte, luchadora. Ni una sola queja, ni una sola lágrima, por que tú vives en nosotros, y nosotros en ti, y eso no lo cambia la ermitaña, ésa a la que llamabas “puta”, y a la que dijiste que no tantas veces…Tú eres mi no-muerta, mi recuerdo de una playa, mi azoteita de estrellas…mi Rubia perla…Con nosotros siempre, y contigo más.

Gracias, Toto, por atender a mis ruegos y no dejármela sola…estaré en deuda contigo eternamente. Eres mi pequeño Dios viejito, sea blasfemia o no. Y te llevo conmigo y con ella, por eso que tú y yo sabemos. Míramela bien, que lo merece…

flores rojas

4 Comentarios »


  1. Comentario de ismael

    En el lugar del color del tamaño de la noche ya no habrá sombras. Esa Rubia no pué sino parir alegría y arte por donde quiera pasa. Y ahí está, Ana. Entre las encendidas rosas. En el lugar donde la luz ya no se apaga.

    Besos.

    22 septiembre, 2009 @ 21:02



  2. Comentario de arandanilla

    Me has hecho llorar. Este finde brindamos por la Rubia, eh? Tendrías que haberla conocido, como yo al Toto, seguro que hubiésemos aprendido mucho. En el lugar donde la luz ya no se apaga…grandes palabras, mejor amigo. Grandes y sabias…como siempre las tienes cuando me hace falta. Se te quiere, Admin. Se te quiere bien…Gracias…

    22 septiembre, 2009 @ 21:07



  3. Comentario de Pipe

    Como ha dicho Ismael, imagino el lugar a donde vamos, como un lugar hermoso, no se si esta historia os la he contado, un hombre me contó un cuento oriental.

    Estando un maestro budista con sus alumnos, estaba ya cerca su final, cuando llegan al final de su vida, los maestros dan una lección sobre la muerte, y entonces como controlan tanto su vida, el tipo veía que se acercaba su final, y le pidió a un compañero que le ayudará a dar su lección, le dijo que le ayudará a hacer vasijas con forma de calavera, entonces cuando las tuvo preparadas, las dispuso en una mesa, y en la suya puso el líquido que le ayudaría a hacer el último viaje, en las de los alumnos puso un vino suave y dulce, y cuando estaban llegando al final les dió su lección: “Oh jóvenes, si teméis a la muerte, morid ya, si morís una vez, no moriréis más”.

    En resumen, para mi, me quedo que es como ir al dentista, es una vez al año, o al año y pico, puede fastidiar porque dejamos de existir y no sabemos muy bien qué sucede, pero al final, es solo una vez, y por otra parte, hemos vivido, hay que dejar sitio para las nuevas vidas, sin duda al que escribe, no le pesará marcharse, he vivido, he disfrutado, he sufrido, he sentido el amor, y lo humano, y me ha tocado ahora, en este momento, alguien nuevo vendrá y los que se van se quedan en lo que mostraron, en lo que dieron, en lo que vivieron y con quien lo vivieron.

    También brindaré por esta Rubia en mi próxima curda, siempre que alguna persona querida por mi, o por alguien a quien le tengo cariño, siempre hablo con mis seres que ya marcharon y les pido que le reciban con mucho cariño, que le muestren la otra vida con amor, mi Maru, mi Evaristo, mi Agustín, mi Rogelio ya están enseñándole cosas bonitas.

    1 octubre, 2009 @ 11:52



  4. Comentario de arandanilla

    pues no imaginas cuánto lo agradezco…No creo que Ismael crea mucho en un lugar “después de”, pero lo estoy convenciendo…yo lo imagino en una playa, con todos ellos, y Neruda, y García, todos viejitos y riendo y cantando y componiendo be(r)sos y viviendo…es complejo todo esto. Pero merece la pena soñarlo, brinda y seguro que se alegra. Gracias mil, Pipillo. Por no abandonar el barquito verde tú también, je.

    1 octubre, 2009 @ 14:32


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