Ruta Fulgurante


May
16
2010

Adioses

Category: Impresiones y paisajesarandanilla – 09:08
arandanilla

Cuando un pequeño amigo, un animal que a veces nos mira con ojos sosegados, como intentando averiguar qué somos, qué sentimos, por qué sufrimos por memeces, o cómo es que nos salvamos también por ellas, parte definitivamente, el mundo es como un gran bosque de cenizas. Una pérdida nunca es diminuta para el alma. Los hay que se ríen, que bostezan, que miran a un lado como pensando que somos un caso perdido. Hablo de nosotros porque quiero ser solidaria, pero hasta ahora siempre he tenido la suerte de que todos mis “pequeños dolores” han sido comprendidos, respetados, tenidos en cuenta para buscar la justa palabra de consuelo. La empatía tan necesaria hoy día. Yo siento dolor cuando alguien se duele… Alegre de ese sentimiento, pues, que nos une…

La soledad es una realidad injusta. Pero como tal, tenemos que aprender a vivir con ella. A ratos nos pensamos solos de remate, infinitamente, y buscamos en esos “extraños locos” un poquito de consuelo. Lo dan a grandes dosis y alegremente, como la lluvia esperada. Nos miran fijamente, y por momentos les pensamos eternos, irreemplazables, sagrados en nuestras vidas. Una sonrisa siempre cuando nos reclaman, nos acompañan, incluso cuando nos fastidian. Se nos vuelven nuestros, como los zapatos que pisan nuestra sombra, como el amor que nos falta (nunca sobra), como los otoños que nos vuelven nostálgicos… Como el sueño del que despertamos cada mañana. Yo entiendo estos descosidos en el corazón. Esas pequeñas grietas que escuecen en el recuerdo. Ellos nos hacen la vida llevadera. Nos vuelven niños felices, responsables adultos, padres amorosos. Es extraordinario el tesoro que nos dejan en las manos cuando se van.

Recuerdo que una vez cuidé a un pequeño vencejo. Unos once días me duró. Siempre dije, y sigo afirmándolo, que fueron los días más felices de mi vida. Y todos los dolores merecieron la pena sólo por esos once días…Mi pelo fue nido. Fui niña todo el tiempo. Fui alegre. Fui inmensa como un mediodía de agosto… Fugaces, felices y hermosos. Nadie nos roba eso. Ojalá y sepan cuánto nos salvaron…Recuerdo haber leído esta frase alguna vez…no hay dolor pequeño.

“No te rías de las lágrimas de un niño. Todos los dolores son iguales.”
Leberghe

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