Ruta Fulgurante


Mar
07
2006

Carta a Limoná

Category: General,Impresiones y paisajesarandanilla – 19:09
arandanilla

caer en el pozo 

MONSTRUOS (Dámaso Alonso)

Todos los días rezo esta oración
al levantarme:
Oh Dios,
no me atormentes más.
Dime qué significan
estos espantos que me rodean.
Cercado estoy de monstruos
que mudamente me preguntan
igual, igual que yo les interrogo a ellos.
Que tal vez te preguntan,
lo mismo que yo en vano perturbo
el silencio de tu invariable noche
con mi desgarradora interrogación.
Bajo la penumbra de las estrellas
y bajo la terrible tiniebla de la luz solar,
me acechan ojos enemigos,
formas grotescas me vigilan,
colores hirientes lazos me están tendiendo:
¡son monstruos,
estoy cercado de monstruos!
No me devoran.
Devoran mi reposo anhelado,
me hacen ser una angustia que se desarrolla a sí misma,
me hacen hombre,
monstruo entre monstruos.
No, ninguno tan horrible
como este Dámaso frenético,
como este amarillo ciempiés que hacia ti clama con todos sus tentáculos
enloquecidos,
como esta bestia inmediata
transfundida en una angustia fluyente,
no, ninguno tan monstruoso
como esta alimaña que brama hacia ti,
como esta desgarrada incógnita
que ahora te increpa con gemidos articulados,
que ahora te dice:
“Oh Dios,
no me atormentes más,
dime qué significan
estos monstruos que me rodean
y este espanto íntimo que hacia ti gime en la noche”.

De «Hijos de la ira»

 Limoná. Has vuelto a mi ventana, te acompañaba Limoncillo (¿tu noviete?) y un escarabajo moreno. Vete a saber que pensarán éstos también de mí, cámara en mano, bata de estar por casa, y pelos de loca. Te escondes y regresas a tu antojo. Y mientras te miro en esta mañana azul de Marzo, mientras tomo un descanso de tanto apunte y desasosiego, mientras observo las muchas fotos que de ti tengo, mientras escojo las que más te favorecen, pienso que este mundo se ha vuelto loco.

  Déjame contarte algo. El pasado sábado salí con algunos amigos por Sevilla. Mientras íbamos en coche de un lado a otro (el conductor no bebía, tranquila) fui testigo de algo triste. Un muchacho nos pedía que parásemos el coche mientras nos enseñaba la mano ensangrentada. Tenía una herida en la cabeza. El miedo invadía su cara. No sé si el mismo miedo o la fobia a los “moros” hizo que el conductor no parase.  Al mirar atrás vimos como otro chico era perseguido por cuatro o cinco más… Se supone que los dos habrían hecho algo que hizo que su ira se desatase. El que estaba herido corría y se alejaba. El segundo hacía gestos con las manos para que se calmasen, uno de los perseguidores llevaba un palo de más de un metro de largo, ancho como la palma de mi mano. Grité “¡Corre!”. Pero se quedó quieto, esperando. Correr era una opción. Pero se quedó allí. No puedo describir lo que sentí en el estómago. Quería abrir las ventanas y gritar más fuerte, salir de aquel coche, que todo aquello parase. Escuché “Sabrá Dios que habrá hecho el hijo de puta”. Esta frase pudo conmigo.
 
 Somos seres tan pasivos. No puedo entender esto. No puedo entender ni admitir la violencia, venga de donde venga. No puedo escuchar una frase como “El moro es el único animal que muerde la mano de quien le alimenta” y quedarme cruzada de brazos. No es cuestión de razas o culturas, es cuestión de vidas. Por Dios, ¡vidas! La única sangre a la que estoy acostumbrada es a la de mi regla cada mes ( y que me perdonen aquéllos que sean sensibles a estos temas) , y la visión de aquella mano cubierta de sangre me pareció desoladora. Uno de los chicos que corrían tras los dos primeros tenía la nariz rota, al parecer. Y me pareció leer en sus labios algo como “te vamos a matar”. No recuerdo exactamente. Había tanta soberbia en sus caras que sentí pánico. Cerca había una discoteca, con una inmensa cola de gente dispuesta a vivir la noche. Nadie iba a pararse a llamar a la policía. ¿Cómo estropear una noche así? En el coche que iba se me hizo caso omiso. No se avisó a nadie. No sé qué pasó con aquel chico…No nos paramos.

 A veces, tras ver el telediario, tras conocer lo poco dispuesto que está el mundo a cambiar las cosas, la espiral de violencia desatada que emerge en los institutos (por no hablar ya de los colegios) y hasta pasa por algunos cuerpos de policía, tras meditar sobre una ley que no hace justicia ni a su propio nombre, el mundo se vuelve un desierto. Y una discoteca llena de cuerpos ávidos de enseñar carne, unas luces cansinas y un afán por apurar las horas y las copas, no son más que un reflejo de lo superficial que es a veces el ser humano, y el futuro tan amargo que estamos construyendo a nuestros hijos.

 Limoná, cuánto me alegro de que tú no tengas que ver estas cosas. Cuánto me alegro de que la imagen de la muerte no invada tus sueños. No quiero entrar en un instituto para, en vez de dar clase, tener que “sobrevivir” a las clases, como me comentó una amiga de la infancia. No quiero sentarme tras el trabajo a contemplar el mar, a perderme donde fui feliz en muchas ocasiones, para estar expuesta a que cualquier desgraciado vea en mí una presa fácil para desahogar sus impulsos sexuales y demostrar su capacidad irrisoria de “tener el control”. No quiero que mi hermana no pueda pasear tranquila a ver escaparates o parques o rostros. No quiero que mis padres pasen las noches en blanco sintiendo que cualquier día uno de nosotros no vuelve a casa. No quiero que mis hermanos pequeños se críen en un ambiente pasivo, intolerante, que se vuelvan proclives a la violencia. No quiero más abusos, más maltratos, más tristeza. No quiero mirarme de nuevo al espejo y sentirme culpable por contribuir a un mundo que parece tan insensible como el mármol de las tumbas.

  Eso es lo que tenía que contarte, Limoná. Te habré defraudado un poco. Sí, es lógico. Decirte que esa noche llegué a casa a las nueve de la mañana, tuve la sangre fría de reír, de echar fotos a cuerpos diez, de medio bailar, de gastar bromas, de “vivir” (si a eso se le puede llamar verdaderamente vida) la noche aunque cada vez se me haga más cuesta arriba. Pero el caso, compañera, es que sigue habiendo muerte y miedo dentro y fuera de mis sueños cada noche. Y no parece haber fin. 

 

2 Comentarios »


  1. Comentario de dragonfly

    :S

    Pobre chico. Espero que no le pasara mucho….

    Y luego dicen que no somos racistas :S

    Pienso que el conductor, frase a parte, lo que no quería era buscarse problemas. Que los que perseguían al pobre chico os hicieran algo a vosotros por ayudarle :S

    Creo que las personas somos bastante pasivas. Y que recelamos de lo que no conocemos, extrangeros por ejemplo.
    Me joden las generalizaciones. ¿Que hay extrangeros que roban y trafican y matan? Si. Pero NO TODOS. ¿Acaso no hay españoles que hacen eso? TAMBIÉN. Y no por eso digo que todos somos unos h.p. (alguno que otro hay).

    besos

    7 marzo, 2006 @ 19:25



  2. Comentario de dragonfly

    Te dejo un enlace en el que cuento algo que me pasó en la calle y lo poco que ayda la gente

    http://dragonfly.blogia.com/2004/061804-mareos.php

    7 marzo, 2006 @ 19:32


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