Ruta Fulgurante


Ago
28
2006

Otro verano

Category: Impresiones y paisajesarandanilla – 12:42
arandanilla

sol que muerte, verano que se apaga

Dice Torcuato que el verano ya está fuera. Sabe que diciendo eso a veces logra descuajarme un poquillo el estrés al que nos vemos sometidos en algunos momentos…”El verano ya está fuera, Anita”. Siempre odié los diminutivos para un nombre tan corto como el mío…Pienso en esa frase. Otro verano más que pasa y una que no cambia, que se sienta a veces media muerta de aburrimiento en el patio de su casa, la primera desde hace más de la mitad de mi existencia que siento como propia (claro que esto es, por supuesto, otro gran espejismo…). La misma que mira las ventanas y decide que ya es hora de colgar unas cuantas macetas…Supongo que algún día me alegraré, cuando me ataque esa histeria inevitable ante mis futuros y nerviosos hijos jugando al fútbol y asesinando mis plantas…Divagando, no más que sargazo. El verano pasa y entiendo que nadie es irremplazable, lo leí una vez…Y en el coro de pájaros que se van con las tardes, tan largas y tan vacías, me detengo por momentos y en contra de mi voluntad. Manuelillo me acompaña cuando cierro los ojos, se posa sobre este hombro cansado y me roza el cuello con sus plumas…Eso parece a veces, y es que la soledad de repente es una llamada de un apenado vencejo, una muerte inesperada. Un murmullo de agua que cesa. “Y cómo huir cuando no quedan islas para naufragar…”. Pasan ancianos con bastones. Y recuerdo las algas de una playa de Tarifa, la  flor amarilla que te puse bajo el rosal de mi madre…el primer beso en aquel frío mes de febrero, el desbarajuste de mis sentimientos, aquella tarde en la Pañoleta, parques eólicos, ropa tendida por mi abuela, un verano que dicen ya va muriendo…No quiero este resonar de nombres por mucho tiempo. Quiero comprenderme y luchar sólo si en la lucha me voy a encontrar, da igual si sangrante, da igual si vencida. Pero yo y para quedarme. Por que este patio me gusta, aunque no estén las macetas colgadas de las ventanas, aunque alargue la mano y Alba no estire la suya aún, o Manuel siga de tejado en tejado dejando caer alguna pluma que yo recojo por todas las calles y las playas del mundo, para cuando nos volvamos a ver. No escojo ese destino de luz de neón, sino este crepúsculo que Pablo me grabó en la sangre desde antes de nacer. No escojo ese ruidoso estruendo de turismo que embriaga, pero sí esa imagen de barca tranquila que se vuelve difusa cuando se ahoga el sol y los niños ya tiemblan de frío en las golitas. Quiero tatuarme en el alma esta pérdida que pide a gritos un par de días para una misma, una calma que devuelva la verdad a las noches, que estrene zapatos por esos caminos que se han visto cubiertos por una tupida maleza. Por si acaso, me trenzo el pelo y me quedo un poco más observando el cielo, por si acaso este verano decide no morir sino vivir conmigo. Así la estrella más hermosa dice que es la utopía, un verano que perdura, un pájaro que resucita en cada pájaro.

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