Gracias por tu amistad, Amador.

Presencia
tu voz
en este no poder salirse de las cosas
de mi mirada
ellas me desposeen
hacen de mí un barco sobre un río de piedras
si no es tu voz
lluvia sola en mi silencio de fiebres
tú me desatas los ojos
y por favor que me hables
siempre

Bueno, ya sabes, Lita. Te quiero.
La Piedra Redonda
Lo que tengo lo llevo conmigo
en esta absurda bolsa y en este absurdo cuerpo,
lo que quiero está siempre tan lejos,
quizá al final de este absurdo camino.
A veces, cuando el sol se va,
tiñendo de violeta la esquina del mar
comprendo que nunca tuve nada y que
muy probablemente nunca lo tendré.
Uuuuh!… Sólo el beso de tu voz en el alma.
Uuuuh!… Y el perfume de tu cuerpo a mi alrededor.
Me siento tan solo, no sé en qué dirección correr
como un pájaro raro, que llegó al festín de los monos.
Llévame, aire del camino
hasta donde nadie me pueda encontrar.
Llévame, aire tibio y azul
y abandóname colgado de tu luz.
En tu luz brillante de cuchillo
adivinaré la rosa y el clavel.
Llévame, aire del camino,
hasta donde nadie me pueda encontrar.
A veces, cuando asoma el sol,
llenando de diamantes la quietud del mar,
me doy cuenta de que siempre fue así;
siempre estuve solo y siempre lo estaré.
Uuuuh!… Cuántas veces soñando despierto.
Uuuuh!… Creo verte entre la multitud.
En algún lugar alguien debería escribir
que este mundo no es más que una enorme piedra redonda.
Me siento tan solo, que no sé en qué dirección correr,
como un pájaro raro, que llegó al festín de los monos.
Llévame, aire del camino
hasta donde nadie me pueda encontrar.
Llévame, aire tibio y azul
y abandóname colgado de tu luz.
Y en tu luz brillante de cuchillo
adivinaré la rosa y el clavel.
Llévanos, aire del camino,
hasta donde nadie nos pueda encontrar.
Esta petición de Dragon, por su fidelidad, a pesar de mis pocos comentarios en su blog. Gracias!

Ardió mi memoria
(versión acústica de estudio 2005)
Yo vi a la mujer de cabellos ondulados de sierpes bajar corriendo por la ladera hacia los llanos donde la fiesta silva.
Vi los brillos en el borde de las copas durante aquella noche.
Vi a los hombres, dura piel morena, en el temblor lejano del polvo de la pista.
Vi flotar herrumbre de rejones en un instante que clava se gira a mirarte.
Supe del metálico rugido de motores en su efímera carrera hacia el confín del horizonte. Ardió mi memoria y el mundo bosque en llamas calcinó despechos, traiciones, deslealtad.
Mentí y me mentiste y me sentí caleidoscópico insecto:
Polvo y alas rotas en el temblor de una partícula de nada.
¿Por qué si no te pertenezco pienso en ti?
¿Por qué si no habitamos multitudes me dejas solo?
¿Por qué si no te pertenezco estás en mi?
Polvo y alas rotas en el temblor de una partícula de nada.
¿Por qué si no te pertenezco pienso en ti?
¿Por qué si no habitamos multitudes me dejas solo?
¿Por qué si no te pertenezco estás en mi?
Vi barbados hombres cabalgar aceros rodantes, anclar y resoplando morir por unas horas al desmayo del sueño.
Vi puertas entreabiertas, escuché extraviadas risas; murmullos, jadeos y un día que nacía. (Tormenta de mares de lágrimas).
Vi flotar, herrumbre de rejones en un instante clavada que te giraste a mirarme.
Supe en tu quejido, carne insomne, de mi efímera carrera hacia el confín del horizonte.
Polvo y alas rotas en el temblor de una partícula de nada.
¿Por qué si no te pertenezco pienso en ti?
¿Por qué si no habitamos multitudes me dejas solo?
¿Por qué si no te pertenezco estás en mi?
Polvo y alas rotas en el temblor de una partícula de nada.
¿Por qué si no te pertenezco pienso en ti?
¿Por qué si no habitamos multitudes me dejas solo?
¿Por qué si no te pertenezco estás en mi?
Ardió mi memoria y el mundo bosque en llamas, ardió mi memoria.

¿Apagará el mar este fuego que se prende en la memoria?

SIN AMOR…NIRA ETCHENIQUE (Chile)
Si por lo menos
no hubieras dicho que me amabas,
si sólo hubieras dibujado con tu mano cabal
la mansedumbre de mi cuerpo,
si me hubieras asaltado en silencio,
como el agua,
si hubieras venido a mí como un sonámbulo,
todo pulso, y calor, y piel, y lengua.
Si por lo menos
no hubieras dicho que me amabas,
esta noche,
esta noche tan amarga
me sería más fácil caminarla.
Caminarla sin ti que estás mordido
como pan de vagabundo en la ventana,
caminarla sin ti, que te has herido
como pájaro de vientre prolongado.
Si por lo menos
no hubieras dicho que me amabas,
si sólo hubieras llegado con tu hoy
simple y rotundo como un cero
y nada más, y nada de tu ayer y tu castigo,
y tu culpa y tu viejo carro uncido.
Si me hubieras penetrado sin palabras
solo y único, en silencio, acorazado.
Si me hubieras medido con tu carne
con la boca afirmada a la moneda,
si me hubieras logrado sin hablarme….
Si por lo menos
no hubieras dicho que me amabas,
si solo hubieras descendido oscuro
y anónimo y feroz y enmudecido,
qué fácil caminar por esta noche
de ciudad dilatada en bocacalles.
Qué fácil detenerte en las esquinas
y en las manos que juegan a ser rosas
sobre el límpido cristal de las vidrieras.
¡Qué fácil el otoño y el olvido!

Ángel González dice…
Por aquí pasa un río.
Por aquí tus pisadas
fueron embelleciendo las arenas,
aclarando las aguas,
puliendo los guijarros, perdonando
a las embelesadas
azucenas… No vas tú por el río:
es el río el que anda
detrás de ti, buscando en ti
el reflejo, mirándose en tu espalda.
Si vas deprisa, el río se apresura.
Si vas despacio, el agua se remansa.
No tengo fotos de un río, pero este pequeño caudal de agua que encontré en la bella ciudad de Córdoba me parece bien lindo. Saludo a los usuarios (algunos que ya conozco hasta por fotos) que en ella viven y también a los que no. Y esta estatua me encantó:

Y dice Neruda:
Abeja blanca zumbas -ebria de miel- en mi alma
y te tuerces en lentas espirales de humo.
Soy el desesperado, la palabra sin ecos,
el que lo perdió todo, y el que todo lo tuvo.
Última amarra, cruje en fi mi ansiedad última.
En mi fierra desierta eres la última rosa.
Ah silenciosa!
Cierra tus ojos profundos. Allí aletea la noche.
Ah desnuda tu cuerpo de estatua temerosa.
Tienes ojos profundos donde la noche alea.
Frescos brazos de flor y regazo de rosa.
Se parecen tus senos a los caracoles blancos.
Ha venido a dormirse en tu vientre una mariposa de sombra.
Ah silenciosa!
He aquí la soledad de donde estás ausente.
Llueve. El viento del mar caza errantes gaviotas.
El agua anda descalza por las calles mojadas.
De aquel árbol se quejan, como enfermos, las hojas.
Abeja blanca, ausente, aún zumbas en mi alma.
Revives en el tiempo, delgada y silenciosa.
Ah silenciosa!
Ay, mi viejito. ¿Cuántas cosas callan las estatuas?