El sorbo imposible (Osvaldo Rubens Sado)
Tomo un sorbo de viento
porque creo que la repetición existe,
con ojos yodados de la memoria,
sólo semejanzas y equivalencias.
Lo que no puede ser reemplazado
no repite el momento
en el exacto punto
donde frustró la muerte.
A veces padecí
la incertidumbre llamada ternura
y quise acariciar
con ella lo imposible.

Sólo un poco
Los ojos son ventanas,
portales, lagrimales de un vagar terreno.
Guiños tiernos de animal herido,
lotos frescos en párpados abiertos.
Todos somos hijos del vaivén.
Cazador cazado,
cálido gemido.
Heraldos dormidos de un trémulo roce,
barrera en el sonido,
pájaros sin norte.
La risa es el torrente
que cuando cae alto reverbera el alma.
Cola de cometa en risa que arrebola,
que te dispersa eterno por instantes.
Todos somos hijos del vaivén.
Cazador cazado,
cálido gemido.
Ventanas abiertas al relente de la noche,
centros de universos,
muñecos de resortes.
Si es que sincero he de ser
y me escucháis,os contaré
que hoy me siento un poco solo.
Sólo un poco.
Si he de ser sincero,
hoy me siento un poco solo.
Sólo un poco.
Y hay tantos hoy en un instante,
Y hay tantos hoy en un instante…
Un pasado roto no es nada.
Al final te das cuenta de que nunca estuvo entero del todo.
Tú sabes de los vaivenes del ánimo,
de lo deprisa que pasan los años,
del reptar de las obligaciones,
de lo poco que duran los momentos brillantes.
Todos somos hijos del vaivén.
Cazador cazado.
Cálido gemido.
Heraldos dormidos de un trémulo roce,
barrera en el sonido,
pájaro sin norte.
Si es que sincero he de ser y me escucháis,
os contaré que hoy me siento un poco solo.
Sólo un poco.
Si he de ser sincero.
Hoy me siento un poco solo.
Sólo un poco.
Tú sabes que los días apenas nos dan
para un vivir apresurado.
Tú sabes que tuvimos alas,
que el presente ya es pasado,
Que se puede acampar al pie de las montañas
y hacer un fuego blanco junto a un lago.

García.
Si Dios fuera una mujer
¿y si Dios fuera una mujer?
-Juan Gelman
¿Y si Dios fuera mujer?
pregunta Juan sin inmutarse,
vaya, vaya si Dios fuera mujer
es posible que agnósticos y ateos
no dijéramos no con la cabeza
y dijéramos sí con las entrañas.
Tal vez nos acercáramos a su divina desnudez
para besar sus pies no de bronce,
su pubis no de piedra,
sus pechos no de mármol,
sus labios no de yeso.
Si Dios fuera mujer la abrazaríamos
para arrancarla de su lontananza
y no habría que jurar
hasta que la muerte nos separe
ya que sería inmortal por antonomasia
y en vez de transmitirnos SIDA o pánico
nos contagiaría su inmortalidad.
Si Dios fuera mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos,
sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno,
con sus brazos no cerrados,
su rosa no de plástico
y su amor no de ángeles.
Ay Dios mío, Dios mío
si hasta siempre y desde siempre
fueras una mujer
qué lindo escándalo sería,
qué venturosa, espléndida, imposible,
prodigiosa blasfemia.




Me quedo con el peso de pétalo que dejaste en mi cuerpo, en el territorio que hoy parece yermo desierto. Gracias por estos días en que he vuelto a ser niña.
LA PIEL DEL PARAÍSO
La dicha es el recuerdo de lo que no se tuvo,
de las palabras idas
en tardes de azoteas solitarias, sumido en la constancia
que vuelve una proeza la vida y su conjuro.
Ahora, cuando entretienes
los días de la nada bajo la certidumbre
de lo que fue deseo, memoria más feliz, mar tan azul y en calma,
vas borrándole al tiempo las manchas del dolor,
las huellas de la lluvia
ligera entre los ojos.
El resplandor del mal ya no cabe en los párpados,
ni el tránsito lábil
de las horas que aguardan el vértigo primero del inmenso crepúsculo.
Sumido en el reflejo
que devuelven las luces tibias del corazón,
rota un día la voz que mordiera el pecado,
la voz de la venganza
queda el olvido mismo, los lugares soñados, la piel del paraíso.
(De Fiebres y desiertos.)