"Cuando escucho la vieja voz de mi sangre
que canta y llora recordando
pasados siglos de horror,
siento a Dios que perfuma mi alma
y en el mundo voy sembrando
rosas en vez de dolor."
¡Mar-y-Mar!
"Cuando escucho la vieja voz de mi sangre
que canta y llora recordando
pasados siglos de horror,
siento a Dios que perfuma mi alma
y en el mundo voy sembrando
rosas en vez de dolor."
¡Mar-y-Mar!
Esta pasada noche buena nos sorprendía la noticia de un futuro miembro más en la familia. Pedro y Ana van a ser padres. Y por tanto, los unrealianos, titos. La emoción fue inmensa. Algunos lloraban, reían o simplemente callaban. A todos nos pilló tan de sorpresa. Fue un gran estallido de alegría.
Costaron salir esas palabras Pedro… Palabras… Emocionadas.
Hijo mío
Desde mi vieja orilla, desde la fe que siento,
hacia la luz primera que toma el alma pura,
voy contigo, hijo mío, por el camino lento
de este amor que me crece como mansa locura.
Voy contigo, hijo mío, frenesí soñoliento
de mi carne, palabra de mi callada hondura,
música que alguien pulsa no sé dónde, en el viento,
no sé dónde, hijo mío, desde mi orilla oscura.
Voy, me llevas, se torna crédula mi mirada,
me empujas levemente (ya casi siento el frío);
me invitas a la sombra que se hunde en mi pisada,
me arrastras de la mano… Y en tu ignorancia fío,
y a tu amor me abandono sin que me quede nada,
terriblemente solo, no sé dónde, hijo mío.
Leopoldo Panero (1909-1962)
Me calaste hondo y ahora me dueles
si todo lo que nace perece del mismo modo
un momento se va y no vuelve a pasar
y decían que bonito era vernos pasear
queriéndonos infinito pensaban siempre será igual
cómo lo permitimos, que es lo que hicimos tan mal
fue este orgullo desgraciado que no supimos tragar….
y engáñame un poco al menos,
di que me quieres aún más
que durante todo este tiempo
lo has pasado fatal
que ninguno de esos idiotas
te supieron hacer reir
y que lo único que te importa
es este pobre infeliz
Me calaste hondo y ahora me dueles
si todo lo que nace perece del mismo modo
un momento se va y no vuelve a pasar
un momento se va y no vuelve a pasar….
Enrique Bunbury
Arandanilla salió bien de su trance. Quiero dar las gracias a aquéllos que han llamado y sobre todo a los que vinieron a visitarme, con sus bombones y peluches, no por los regalos sino por su incomparable compañía. No puedo explayarme ni contestar a los comentarios por que ya estar sentada para unas breves líneas me viene mal a la tripilla. Os quiero mucho, y os deseo todo lo mejor en estas fechas. A los tristes siempre, mi más comprometido deseo de felicidad. Ya sabéis. Enhorabuena a Pedro Alberto, su esposa y familia por la nueva llegada. En este día tan triste para algunos, esta noticia de un renacuajo unrealiano es todo un regalo. Gracias! Feliz Navidad!![]()
I
Hay mañanas
en que bajas al río
y te detienes
a escuchar en la corriente
la voz amorosa del mar.
Quisieras volar,
seguir el cauce
de su pelo suelto,
y tal esperanza te sostiene
sobre los juncos de la ribera.
II
Una paloma
cruza los maizales
quebrando
en violetas y grises
la certeza de las miradas.
Absortas en la luz
se doran las mazorcas,
brillanters contra el cielo
como lo ojos
colmados de placer.
III
Así mientras recobro
mi cuerpo lentamente,
la tarde en los balcones
toma la forma
de un barco que se aleja.
Entre las nubes que flotan
azules en el horizonte,
contemplo a la luna
dormir desnuda
junto al río.
Alberto Blanco
Nadie comprendía el perfume
de la oscura magnolia de tu vientre.
Nadie sabía que martirizabas
un colibrí de amor entre los dientes.
Mil caballitos persas se dormían
en la plaza con luna de tu frente,
mientras que yo enlazaba cuatro noches
tu cintura, enemiga de la nieve.
Entre yeso y jazmines, tu mirada
era un pálido ramo de simientes.
Yo busqué, para darte, por mi pecho
las letras de marfil que dicen siempre,
siempre, siempre: jardín de mi agonía,
tu cuerpo fugitivo para siempre,
la sangre de tus venas en mi boca,
tu boca ya sin luz para mi muerte.
¡Federico!