Reflexionamos…después de un mal sueño, uno francamente triste, una se levanta con la sensación de que nunca superará determinados "traumas". Que sentimientos tales como la culpabilidad o la sensación de fracaso van a ser eternos, y en un intento de arreglar la mañana, espera que ocurra el milagro y se repite que tarde o temprano acaban por desaparecer. Ahora leo un libro sobre la autoestima…algo de lo que solemos hablar mucho pero sabemos muy poco…Parece que leer libros de este tipo es un esfuerzo desesperado por recobrar la propia, y subir un peldaño más hacia una vida más alegre, menos llena de esos fantasmas que nos lanzan de lleno al abismo, y que sirven tan para poquito. Y leemos: " Cuando tenemos una autoestima carente de conflicto, la alegría es nuestro motor, no el miedo. La felicidad es lo que queremos experimentar, y lo que deseamos evitar es el sufrimiento. Lo que nos proponemos es la expresión de nosotros mismos, no la autoevitación o la autojustificación. Lo que nos motiva no es "probar " lo que valemos, sino vivir dentro de nuestras posibilidades." A veces parece que tenemos que estar en esa agotadora tarea de demostrar lo que somos a los demás, y nos olvidamos de ser nosotros mismos. Nos parece que no somos merecedores de la felicidad. Una vez alguien a quien admiraba mucho, me dijo que a este mundo venimos sólo a sufrir…desde ese día me di cuenta que nuestro camino era distinto. Íbamos por sendas muy alejadas la una de la otra, y conste que no por que una sea el optimismo personificado, sino más bien por lo contrario. Debemos enseñar a los demás, sobre todo a aquéllos a quienes amamos, que la vida es una alegría, una fiesta de bienvenida…aunque nuestro corazón sea un nido de penas…por que ése es el mayor sacrificio que podemos hacer y la mayor prueba de que nuestro amor por ellos es real y verdadero.
De este libro se pueden aprender muchas cosas, cosas que al leerlas nos parecen obvias, pero que olvidamos casi cada día… ¿cuántas veces hemos pensado que la alegría es un derecho innato natural? Que tenemos derecho a buscar nuestra propia felicidad, nuestra satisfacción con la vida, a pesar de que a veces a medio mundo le suene a egoísmo. Es evidente que en este propósito de ser felices no podemos evitar hacer daño a otras personas (ojalá que siempre inconscientemente, sin intención alguna), pero tampoco podemos hipotecar nuestra vida y no aspirar a la felicidad por no herir a nadie, por que el daño puede ser aún mayor…
Al seguir leyendo me encontré con esta maravillosa frase: "La naturaleza nos ha dado una responsabilidad extraordinaria: la opción de volver el reflector de la consciencia más brillante o más oscuro". En una gran medida, esto me recuerda a amigos que durante todo este tiempo han estado ahí para enseñarme que todo depende de cómo veas las cosas, de cómo quieras verlas…pero con un matiz brillante, mucho mejor. Es el caso de mi hermana, hundirse de la pena por haberle diagnosticado un cáncer de mama no la hubiera llevado a mejor puerto. Optó por el sendero hacia la alegría, y aunque eso no mitigue el malestar tras la quimioterapia, o le devuelva su preciosa melena, su corazón es el de una guerrera, y verá que la felicidad no es el sitio al que llegamos, sino el camino por el que decidimos ir. No debemos esperar a que llueva, al milagro. Sino buscar el pozo y sacar el agua, por poca que haya. No sé si me explico. Cierto es que "anticipar el fracaso en vez de la victoria, significa interrumpir, socavar o paralizar (a diferentes niveles) nuestros esfuerzos para enfrentarnos con las tareas y los desafíos que la vida nos presente". Suelo ser de las que pone el parche antes de que se me pinche la rueda. Un sin vivir viviendo. Je. Inevitablemente. Me anticipo a todo, y os aseguro que no es bueno…Es un gran error. Hay que irse tomando la vida tal como va viniendo, palabras de mi hermana, ni anticiparse ni quedarse esperando con los brazos cruzados. Tenemos que hallar la manera de comunicarnos, de compartirnos y lejos de sumirnos en el dolor, esforzarnos por recuperar la esperanza y aprender de nuestros propios errores. Hablar es fácil, pero por algo hay que empezar. Recuerdo siempre la frase de García, en "Sin llaves" (maravillosa, maravillosa), "Soy tabla de mi propia salvación, me quiero y me protejo de mi misma voz". Siempre que me hundo, tengo presente esto. Y ya aprovecho para felicitarle por su cumpleaños, que fue el pasado 19 de Agosto, y pedir perdón por el retraso. Este post viene precisamente de sus "enseñanzas", por que este personaje "salao", siempre me ha parecido un gran sabio…
Seguimos: "El respeto a uno mismo entraña la expectativa de la amistad, del amor y de la felicidad como algo natural, como resultado de quienes somos y de lo que hacemos", y por supuesto, en este sentido juega un papel primordial "la satisfacción con nuestras elecciones morales". No siempre podemos elegir algo que cuadre con lo que los demás consideren correcto, por que somos esencialmente los mismos, y al mismo tiempo, diferentes, y hay formas de pensar y sentir como personas hay en el mundo, y no podemos esperar que todo lo que decidamos para nuestro propio bienestar, encaje con lo que los demás quieran para nosotros. Y no es una cuestión de llevar la contraria. Tomar un camino u otro no es algo que se haga, al menos no en mi caso, de manera irreflexiva…conlleva un tiempo de "balanza". Creo que me entendéis. Para tomar una decisión importante, hay que tener mucho en cuenta las consecuencias, y al menos para mí, hay que intentar minimizar los daños al máximo posible, dado que casi siempre los hay, y eso nos ayudará a llevarlo mejor. Sin duda están los que no ven más allá de sus propias narices y opinan cuando no tienen que opinar, y desconociendo tus sentimientos te juzgan y se entrometen y juegan a ser más sabios que tú, censurando tu manera de actuar o tu intento de buscar algo más de luz en días oscuros. Todos lo hacemos alguna vez, o más de una vez, pero qué malestar después de todo. El corazón humano es complicado, y no todos reaccionamos de la misma manera, ni nos conformamos con las mismas cosas, por eso hay que ser justo con uno mismo y dentro de nuestras limitaciones, que son muchas, hay que desplegar las velas y partir hacia la alegría. Por que nos lo merecemos. Es un derecho, y una obligación. Eso no quita, y soy más honesta que nunca, que a veces mi corazón se agite y se duela al pensar que con determinadas elecciones (convencida estoy de que era lo mejor en mis circunstancias) he dañado a quien no lo merece…ante eso no puedo hacer nada, sino apartarme y esperar que el tiempo sea justo y cure sus heridas, y también las mías. Es una cuestión de lealtad a lo que fui, y a lo que en su momento fuimos, y ya no somos. Esto es la vida y lo que me enseña cada día…Que sepáis encontrar ese convencimiento de que merecéis siempre lo mejor…Feliz cumpleaños, Manuel, y gracias por tus afortunadas letras…A mis ruteros, gracias por estar.
*Citas extraídas de Los Seis Pilares de la Autoestima, de Nathaniel Branden.



