
GACELA DEL AMOR DESESPERADO
La noche no quiere venir
para que tú no vengas
ni yo pueda ir.
Pero yo iré
aunque un sol de alacranes me coma la sien.
Pero tú vendrás
con la lengua quemada por la lluvia de sal.
El día no quiere venir
para que tú no vengas
ni yo pueda ir.
Pero yo iré
entregando a los sapos mi mordido clavel.
Pero tú vendrás
por las turbias cloacas de la oscuridad.
Ni la noche ni el día quieren venir
para que por ti muera
y tú mueras por mí.
Republicado o no, maravilloso…

http://www.petaos.net/modules.php?name=News&file=article&sid=1095
Bueno, Arandanilla de nuevo ilusionada por algo en este 2008! Gracias Charly por tu información y ahí va esta foto que no sé si he publicado, pero es que hay cosas tan geniales que siempre da gusto repetir con ellas…je. Besos a todos los Manoleros del Mundo Mundial…a disfrutarlo!
EL OTOÑO SE ACERCA
El otoño se acerca con muy poco ruido:
apagadas cigarras, unos grillos apenas,
defienden el reducto
de un verano obstinado en perpetuarse,
cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.
Se diría que aquí no pasa nada,
pero un silencio súbito ilumina el prodigio:
ha pasado
un ángel
que se llamaba luz, o fuego, o vida.
Y lo perdimos para siempre.

Quería encontrar tiempo para sentarme a elegir un poema de Angel González. Empiezas a trabajar, te dejas llevar por el ritmo desenfrenado de los días, por las amargas situaciones que van llegando sin esperarlo, y resulta algo difícil sentarse a leer algo que nos conmueva, que nos emocione hasta el punto de encogernos el corazón y hacernos sentir más humanos, más vivos, y a través del dolor, más alegres [“Supe por el dolor que la alegría existe…”]. Y escribir, escribir para no olvidarlo.
Se nos fue este poeta nuestro. Mi amigo Ismael me lo dio a conocer antes de inaugurar Ruta, cuando apenas si habíamos pensado en la posibilidad de crear un mundillo verde y esperanzador para expresarnos, o más bien, una “tabla de salvación” (bendito García y bendita frase) para esta extraña mujer menuda. Hoy recuerdo muchos de esos poemas, y de los dos libros que devoré en algunos de mis días de forzosa soledad y necesaria poesía.
La vida es curiosa. Estamos en ese punto de “quiero escribir algo para recordarle…pero ¿qué decir?. Bueno, un poema…un poema suyo…pero, ¿cuál?”…Y pasan los días y lo dejamos pendiente junto a tantas otras cosas…Trabajo en un hotel, vienen muchas personas distintas, algunas con nombres muy curiosos, otras con nombres muy comunes…Pues al menos dos clientes en la misma semana traían el nombre de este poeta. ¿Cómo dejarlo pendiente? Este poema me pareció adecuado. La poesía es básicamente esto…luz, fuego, o vida. Algunas veces también muerte. Pero nos da la posibilidad de resucitar, de llegar al fondo de la vida misma, de hacernos indagar en nuestro ser y llenarnos los huequitos que nos hacen un poco incompletos. Quiero creer que Ángel resucita cada vez que leemos sus poemas, que se transforma en luz, fuego, o vida…pero que no lo perdimos para siempre.
Tenía esta deuda con mi amigo Ismael: tú siempre me has pedido que me exprese, que hable más desde el fondo de mí, aunque siempre me negase por esa idea de “¿y qué tengo yo que contar que pueda resultar interesante?”. Quizá nada, pero tampoco es pecado hablar desde dentro. Los poetas nos acompañan siempre. Nos hablan siempre. Y cuando se despiden, también lo hacen.
PD: Ha renacido mi pequeño olivo. Cuando me vine a vivir a casa de mi madre, murió. Se secó en nada de tiempo, lo achaqué a mi descuido por “cuidar” demasiado de mi propia tristeza. Le pensé perdido para siempre…Milagrosamente, ha vuelto a renacer. Eso me dice mucho, es la esperanza. Los poetas y las hojas verdes. Renacer…Ojalá y siempre. Un abrazo a todos…

Pasaste sobre mí como un verano…los días se me hicieron cortos en el recuerdo, las noches brevísimos instantes oscuros. ¿Qué hicimos de aquellas manos, de aquella armadura que antepusimos a todo, a todos? No pudo ser espejismo. Eso no. Escribo esto desde el convencimiento, desde la absoluta certeza de que no lo fue. Hubo un nombre que prendía llamas en mis momentos más tristes…Desde la ventana yo esperaba esa forma exacta, esa puntualidad inalterable, ese tímido ruido de unas llaves. No pudo ser espejismo. En ocasiones no sabemos para qué escribimos, por qué contamos estas cosas que duelen y a un tiempo curan. He de salvar en el recuerdo y ante esta pantalla de ordenador aquellos encuentros que deben sin duda salvarse. Por que fuimos, fuimos sin la más mínima vacilación. Y es un profundo respeto a todo lo que compartimos, a todo lo que hicieron posibles los ladrillos, las cartas escasas, aquellas tostadas con azúcar, el olor de un café que tuve que aprender a preparar sola, cuando era precisamente necesario que lo hicieras tú con tu perfecto sentido de la limpieza, del orden, de lo que a mí me gustaba disfrazar de torpeza. Sé que no es nuestro destino alejarnos demasiado. Hay un mundo completo escrito en mi espalda, lo llevo a cuestas, y por más que intente olvidarlo, no puedo. Tal vez no quiero. Soy lo que viví. Lo que al fin y al cabo me dieron esos días en que valían lo mismo los besos que los reproches. Me aferro demasiado al pasado, dicen. Yo creo que más bien me aferro a mis promesas. Al afán de ser leal contra todo consejo. Recuerdo tu tristeza como un tren silencioso que a veces pasa frente a mí, dolorosamente, alejándose. Recuerdo también tu risa limpia. Eras honesto, y ahora te entiendo. No es arrepentimiento esto. No es querer dar marcha atrás. Nunca. Pero dentro de todo este caos que es la vida ahora, dentro de este absurdo panorama, te recuerdo. Sueño contigo a veces, con las cosas de las que no puedo desprenderme, cosas como mi vencejo en tu mano, y tu no querer admitir que te gustaba. Cosas como heredar tus pijamas viejos, como el orden de tus cajones o mi manía de dejar las migas de pan sobre la encimera. Cosas como una casa a la que hoy renuncio, a la que nunca voy a poder decir adiós por que no quiero. Permanece intacta en mis noches de insomnio, tal como la vi por última vez. Amarga visión la última…Existe en el invierno un pesado latir de tantas cosas que a ratos no logro respirar. No llegamos donde quisimos, pero mi corazón admira todo aquello que fuiste a pesar de todo. La vida no me trata demasiado mal. Estás vivo en alguna parte, ajeno o no a lo que construimos, quizá dándote cuenta también que mereció la pena incluso este dolor sin fechas. Prometí estar aquí siempre, volver desde aquel lugar extraño para protegerte, para asegurarme de que todo va bien. Me mantengo firme en mi propósito aunque sepa que nunca vayas a llamar de nuevo. Entiendo que no es fácil. Hay que cerrar un ciclo para comenzar otro. Pero todo se repite en la vida. Y ya en esto tenemos experiencia. Me llega una tarde infinitamente desoladora, y dentro de mí se deshacen las paredes, las ventanas, una azotea llenita de estrellas. Mi paso fue fugaz por los pasillos de tu casa. Pero fue toda una vida, todo un misterio. Aquí no me llega el sol tras las rejas, las mañanas no son iguales. Y sin embargo, serás feliz si alguna vez escuchaste todo aquello que te dije mientras mirabas a otro lado. Sueño contigo a veces, y no me perdono el dolor que hayas sentido. Las noches en que la cama te clavaba sus uñas, en que mirabas el reloj y no amanecía. Pero es ésta la vida y lo que nos enseña. En las manos suelo dibujar un círculo. Estás dentro y te protege. Rezo por ti aunque no le veas sentido, rezo sin saber qué rezo ni si alguien oye y cumple. Imagino que fue lo mejor, y quiero creer que delante de esa chimenea tendrás algún día la sonrisa que siempre me gustó. El amor que verdaderamente te mereces. La paz que no supe transmitirte. Tu camino lleva las rosas que quisiste para mis pies. Ahora soy yo quien las busca, las corta y las pone a los tuyos. Hay esperanza, aún hay esperanza. Yo te veré feliz…y me consuela.
El palomar de las cartas
abre su imposible vuelo
desde las trémulas mesas
donde se apoya el recuerdo,
la gravedad de la ausencia,
el corazón, el silencio.
Oigo un latido de cartas
navegando hacia su centro.
Donde voy, con las mujeres
y con los hombres me encuentro,
malheridos por la ausencia
desgastados por el tiempo.
Cartas, relaciones, cartas:
tarjetas postales, sueños,
fragmentos de la ternura,
proyectados en el cielo,
lanzados de sangre a sangre
y de deseo a deseo.
Miguel Hernández, poeta.

INESPERADAMENTE
Puede ser
que me vuelva a enamorar
y también que me pueda equivocar.
Rezaré porque esta vez tenga más suerte
y después de sufrir tanto y tan fuerte,
quiera Dios…
Otra vez
tropecé con obsesiones
de volver
disfrazadas de canciones;
buscaré un remedio más rotundo
que ofrecer mil poemas de un segundo.
Y quiera Dios…
… que un chispazo de emoción
prenda fuego al corazón
inesperadamente.
Puede ser
que me vuelvas a encontrar
y también que me quieras engañar,
pero sé que tu olvido me hizo fuerte
y al volver a la idea de perderte,
pido a Dios…
..que un chispazo de emoción
prenda fuego al corazón
inesperadamente.
Luz Casal
Perdonad mi ausencia estas últimas semanas…Gracias por vuestras visitas, a pesar de todo. No abandono. Solamente era descanso. La Navidad no es buena etapa a veces. Gracias. Un beso inmenso. Ah, Feliz Día, ruteros!