Pensaba no escribir mucho en estas fechas con el propósito de tomarme algo de tiempo para cosas que tengo pendientes…es evidente que una siempre retoma los viejos caminos. Alegran los comentarios de buenos amigos a los que siempre echamos de menos, y bueno…al final se llega a ese tipo de comentarios que existen en todos los blogs, y parece que más que aportar, pretenden polemizar. Y lo digo desde el más profundo respeto…no pretendo ser más ni menos que “violentamente dulce”. Realmente el último comentario recibido, con esas palabras de “infinita estupidez” hacia los administradores de este blog, sin apenas conocernos y juzgando de antemano, es sin duda, curioso. Manifiesta una opuesta sensibilidad a toda la que proclama en la imagen de uno de los posts más leídos de este corazón verde (tristemente para esta mujer que habla, por la dureza que supone mencionar tales temas).
Imagino que también se podría tachar de estúpido al genial Julio Cortázar (Dios me libre de hacerlo), que empleó precisamente los mismos términos, aunque evidentemente con distinto matiz. Sí, se puede ser violentamente dulce, si no limitamos el significado de “violento” a este post únicamente, puesto que Ruta es un espacio grande, con muchos rincones y pedacitos, construidos con el paso de los días, con los sentimientos de muchos, y sobre todo, con el cariño, con la empatía, y con la “estupidez cándida e inteligente” de quienes quisieron darle vida, porque dar vida a algo es signo de inteligencia…la destrucción, de lo contrario.
¿No existen los besos violentamente dulces? ¿Los violentamente dulces enfados de los niños? ¿Las nostalgias violentamente dulces? ¿No es violentamente dulce un azotito en el trasero como señal de un deseo? (Ancha sonrisa). ¿Cómo se podrían entonces imaginar los “hielos ardientes”, la “luz oscura”, “nuestra compañera soledad”, o “los clamorosos silencios”…? Ah, la poesía, cuántas estupideces nos hace decir, ¿no? ¿Qué sería de nosotros sin esas figuras retóricas? Sí, señores, soy “estúpida” y violentamente dulce, según me vieron, y así quiero permanecer.
Feliz Navidad a todos los que pasasteis por aquí, y lamento no contestar a ese correo directamente, pero es un privilegio que sólo lo tienen los estúpidos, que en Ruta son infinitos y preciosos, y pasan por su propia casa a leer las respuestas.
Está bien releerlas, ver que con el paso de los años las verdades que entonces creíamos verdades, eran espejismos…cómo las palabras ocultan más que muestran. Es buena terapia deshacerse de ellas, aprender que todo está siempre pendiente de un hilo, y que, como en aquella foto, curioso detalle hasta ahora desapercibido, “todo tiene fin”. El amor nubla. No siempre para bien. Tijeras. A romper con algo más, y a seguir caminando. Al fin y al cabo, la vida es ir liberando carga hasta quedarnos desnudos, con nuestra verdad única a cuestas, tal y como nacimos. El sol tendrá que salir un día…
Ya sólo soy fragmentos, piezas sueltas de mí,
pero no soy la mano que me une.
En la pantalla el mundo
me grita cuarteado,
feliz, amargamente,
cítricamente luminoso
con su necia alegría de refresco.
Sólo soy mis fisuras.
También el mundo es sólo sus fisuras.
Aurora Luque
Son tiempos extraños, amargamente “felices”. Misteriosos…quién sabe qué fluir llevarán en sí los días, y cuántas noches largas de espera se enfrentarán a las paredes frías, húmedas, inertes…Carceleras. Ahora es el tiempo del silencio, de las fisuras, mi tiempo. Y el resto, luces urbanas y conversaciones estúpidas que no pretendo comprender…Cansada de dar esta parte agridulce de la existencia, tengo que ver qué otros caminos me separan y cómo puedo, simplemente, seguir andando. Es fácil ver detrás de algunos rostros…lo difícil es aceptar esa visión. Hace frío, hace sueño, pero aún queda…la espera será larga.
Eres toda de espumas delgadas y ligeras
y te cruzan los besos y te riegan los días.
Mi gesto, mi ansiedad cuelgan de tu mirada.
Vaso de resonancias y de estrellas cautivas. Estoy cansado, todas las hojas caen, mueren.
Caen, mueren los pájaros. Caen, mueren las vidas.
Cansado, estoy cansado. Ven, anhélame, víbrame.
Oh, mi pobre ilusión, mi guirnalda encendida!
El ansia cae, muere. Cae, muere el deseo.
Caen, mueren las llamas en la noche infinita.
Fogonazo de luces, paloma de gredas rubias,
líbrame de esta noche que acosa y aniquila.
Sumérgeme en tu nido de vértigo y caricia.
Anhélame, retiéneme.
La embriaguez a la sombra florida de tus ojos,
las caídas, los triunfos, los saltos de la fiebre.
Ámame, ámame, ámame.
De pie te grito! Quiéreme.
Rompo mi voz gritándote y hago horarios de fuego
en la noche preñada de estrellas y lebreles.
Rompo mi voz y grito. Mujer, ámame, anhélame.
Mi voz arde en los vientos, mi voz que cae y muere.
Cansado. Estoy cansado. Huye. Aléjate. Extínguete.
No aprisiones mi estéril cabeza entre tus manos.
Que me crucen la frente los látigos del hielo.
Que mi inquietud se azote Con los vientos atlánticos.
Huye, Aléjate. Extínguete. Mi alma debe estar sola.
Debe crucificarse, hacerse astillas, rodar,
verterse, contaminarse sola,
abierta a la marea de los llantos,
ardiendo en el ciclón de las furias,
erguida entre los cerros y los pájaros,
aniquilarse, exterminarse sola,
abandonada y única como un faro de espanto.
Pablo Neruda.
Gracias, tocaya, por las fotos, por compartir eso y más. Un beso.