Hoy tengo casi todas las palabras.
Pero me faltan casi todas.
Cada vez me faltan más.
Apenas si puedo unir éstas que escribo
para decir el resto de ternura
y el hueco de temor
que se esconden en la ausencia de todo,
en la creciente ausencia
que no pide palabras.
O pide tal vez una:
la única palabra que no tengo
y sin embargo no me falta.
Poesía Vertical Xiii – 75, Roberto Juarroz
Si yo pudiera quizá entender mis propios silencios, mis palabras apenas meditadas, los silencios ajenos, o el monólogo incesante de absurdas marionetas, todo sería distinto. El resto de ternura podía intentarse, y el hueco del temor difuminarse. Unir silencios con silencios y meditarlo cosiendo trozo a trozo una piel con otra. Y olvidar las barreras que habitan más cerca que el aire mismo. Es inútil hablar cuando todo halla un rostro negador. Podríamos llegar al punto en que todas las palabras amontonadas histriónicamente empiezan a cobrar sentido, y uno se da cuenta de que no cambia su vida por ninguna otra. Esta noche, no me pedirán palabras que ya no haya pronunciado en forma de silencio y con una calma extraña en el pecho. Volverán las insensibles fachadas a iluminarse al alba. Volverán las calles a su bullicio. La noche a sus estrellas…Mi sueño a otro sueño. Y sólo espero que detrás de lo que busco, se encuentre exactamente eso…único y exclusivo, sin añadidos histéricos que me alteren los ritmos, ni pasotismos disfrazados de respeto. Vamos al quiero y puedo…
arandanilla